Cómo averiguo qué le pasa a tu persiana
La persiana suele avisar antes de pararse del todo. Un chasquido arriba al tirar de la cinta apunta al eje o a sus soportes; un roce áspero en los laterales, a una guía torcida; un tramo que baja más que el resto, a una lama que se ha soltado. Por eso te pido que me lo describas al llamar: con dos o tres detalles ya voy con una idea bastante clara.
Una vez delante, lo compruebo con el cajón abierto. Giro el eje a mano, miro si los rodamientos giran libres o están agarrotados y recorro el paño buscando lamas partidas o enganches rotos. No cambio nada a ciegas: te enseño lo que he encontrado, te digo qué haría yo y espero a que decidas.
La persiana que se planta a medio camino
Es la avería que más me encuentro. La persiana baja hasta la mitad y ahí se queda, o sube un palmo y se atasca. Lo normal es que una lama se haya montado sobre la siguiente dentro de la guía, o que el paño se haya enrollado mal en el eje y tropiece con la tapa del cajón. Forzarla solo aprieta el atasco y dobla más lamas.
La solución pasa por liberar el paño con paciencia, recolocar las lamas montadas y averiguar por qué ha ocurrido. A veces el origen es una guía floja que se ha separado del marco; otras, la falta de los topes de la lama final, que deja que la persiana se cuele entera dentro de la caja con un tirón de más.
Eje, rodamientos y soportes
El eje es el tubo sobre el que se enrolla el paño y descansa en dos soportes, uno a cada lado del cajón. Si un soporte cede, el eje se inclina y la persiana sube torcida. Si un rodamiento se agarrota, cada vez cuesta más tirar de la cinta, hasta que se parte. Son piezas que se sustituyen sin tocar el resto de la persiana.
En muchas casas antiguas de Orihuela me encuentro ejes de madera o de chapa que han aguantado décadas. Si están rectos y sanos, se conservan; si se han combado, cambio el eje por uno octogonal de acero, que es el habitual hoy en día y admite motor si algún día lo quieres.
PVC, aluminio y madera: cada una con su arreglo
En los pisos de la ciudad predomina el PVC, que con los veranos de la Vega se vuelve quebradizo; en viviendas más recientes abunda el aluminio con relleno aislante; y en algunas casas del casco antiguo todavía quedan persianas de madera que se hinchan cuando llegan las lluvias de otoño. Cada material falla a su manera y pide un arreglo distinto.
El PVC cuarteado no se pega: se cambia la lama. El aluminio abollado se endereza si el golpe es leve y se sustituye si ha doblado el perfil. La madera se ajusta, se lija donde roza y, si una tablilla se ha podrido, se repone por otra del mismo grueso. Si la persiana entera ya no compensa, te lo digo sin rodeos.
Preguntas sobre reparación de persianas
Mi persiana se ha quedado torcida a media ventana. ¿La bajo?
Mejor déjala quieta. Cada intento de moverla con un lado enganchado dobla más lamas y puede sacar el paño de la guía. Llámame, te pregunto cómo ha quedado y voy a enderezarla antes de que el daño crezca.
¿Arreglas persianas de madera de casas antiguas?
Sí. Ajusto el paño, cambio tablillas sueltas y reviso los enganches. Si la madera está sana, merece la pena conservarla: da a la fachada un aire que el PVC no tiene.
¿Cuándo conviene cambiar la persiana entera?
Cuando la mayoría de las lamas están cuarteadas o combadas, o cuando el perfil es tan antiguo que ya no hay piezas compatibles. Te lo explico con el paño a la vista y decides tú.
¿Tengo que vaciar la habitación para que trabajes?
No hace falta. Basta con despejar el espacio delante de la ventana. Si tengo que abrir el cajón por dentro, protejo el suelo y los muebles cercanos y lo dejo todo recogido al terminar.
