Señales de que la cinta está al límite
Una cinta gastada se ve a simple vista: se deshilacha por los bordes, se estrecha donde roza con la ranura del cajón o se pone rígida y amarillenta por el sol. En las ventanas orientadas al mediodía eso llega antes, porque el tramo que queda fuera se cuece cada verano. Cuando la ves así, está pidiendo el relevo.
Esperar a que se parta suele salir peor. Si la cinta se rompe con la persiana arriba, el paño cae de golpe y puede doblar la lama final; si se rompe con la persiana abajo, te quedas a oscuras hasta que alguien la cambie. Mientras tanto, cada tirón sobre una cinta deshilachada castiga también al recogedor. Sustituirla a tiempo es un trabajo corto, limpio y sin sorpresas.
El recogedor, la caja del muelle
El recogedor es la caja que va junto a la ventana y enrolla la cinta gracias a un muelle en espiral. Cuando el muelle pierde fuerza, la cinta queda colgando floja; cuando se parte, ya no recoge nada. Abrirlo sin haberlo hecho antes tiene su peligro, porque el muelle está tensado y puede saltar de golpe.
Los hay de embutir, metidos en un hueco de la pared con solo la placa a la vista, y de superficie, atornillados por fuera. Si el tuyo es de embutir y el hueco está sano, coloco otro de la misma medida para no hacer obra. Si prefieres pasar a uno de superficie, también se puede.
La polea y la salida de la cinta
Dentro del cajón, la cinta se enrolla en una polea sujeta al eje. Si la polea está rajada o se ha soltado, la cinta patina y la persiana no responde por mucho que tires. Al cambiar la cinta reviso siempre la polea, porque una cinta nueva sobre una polea rota dura muy poco. Si el eje es de los antiguos, compruebo además que la polea siga bien sujeta al tubo.
También miro la ranura por la que la cinta sale del cajón. Si tiene aristas o rebabas, corta la cinta nueva al cabo de poco. En casas antiguas la ranura suele estar tan gastada que conviene ponerle un pasacintas, una pieza pequeña que guía la cinta y evita el roce contra el borde.
Una cinta a la medida de tu recogedor
Las cintas no son todas iguales: las hay de distintos anchos, y cada recogedor está hecho para uno concreto. Una más estrecha baila dentro de la caja y se enrolla torcida; una más ancha roza y se atasca. Por eso mido la tuya antes de cambiarla y coloco una de igual anchura y buena calidad. Las cintas malas destiñen y se estiran; una buena conserva el ancho y el tacto durante mucho más tiempo.
En persianas grandes y pesadas, como las de algunos salones o puertas de patio, recomiendo una cinta reforzada: soporta mejor el peso y el roce, y el recogedor trabaja más desahogado. Si aun así la persiana cuesta mucho de subir, quizá sea el momento de pensar en un motor.
Preguntas sobre cambio de cinta y recogedor
¿Es peligroso abrir el recogedor?
Puede serlo. El muelle va tensado y, si se suelta de golpe, se desenrolla con fuerza y puede cortar. Si no lo has hecho nunca, deja que lo cambie yo, que llevo el recogedor nuevo ya preparado.
¿Cambias solo la cinta si el recogedor está bien?
Claro. Si el muelle recoge con fuerza y la caja está entera, cambio únicamente la cinta. No sustituyo piezas que todavía funcionan. Eso sí, si noto el recogedor flojo te lo digo, para que lo tengas en cuenta.
La cinta se ha partido con la persiana arriba. ¿Qué hago?
No intentes bajarla empujando el paño con la mano, porque puedes doblar lamas o sacarlo de la guía. Déjala como está y llámame: la aseguro y cambio la cinta en la misma visita.
¿Tienes recogedores para huecos de medida antigua?
Llevo los tamaños más habituales. Si tu hueco tiene una medida poco corriente, lo mido y busco un recogedor que encaje sin necesidad de picar la pared.
